Qué fue de tu dolor?

2014 fue el año de la esperanza, el año de entrar a un quirófano por primera vez, en cuanto a endometriosis se refiere, pues con tan solo 5 años había conocido uno en primera persona. 

Ese año, 2014, fue duro. No se cumplió mi objetivo vital (vivir sin dolor) sino que además no logré ser madre por segunda vez y el dolor "solo" iba en aumento. Tardaría 2 años en volver a un quirófano y otros 3 en repetir visita, tras una histerectomía, porque la endometriosis se había reproducido, en mi único ovario, pese a salir "limpia", de enfermedad, en la cirugía número dos.

Cuando me preguntan -¿Qué fue de tu dolor?- y respondo -Nada- sus caras son un poema pero es que la verdad no siempre es rosa.

A mi dolor no le ha pasado nada. 

Hace 7 años, sin apenas darme cuenta, me instruí en el noble arte de la supervivencia, en el arte oscuro del egoísmo, en la sabienda sobre la enfermedad y su amplio significado de vivir con la cronicidad y el dolor.

Durante todo este tiempo jamás he perdido mi objetivo: ganar calidad de vida. 

¿Qué fue de tu dolor? 

Pues mi dolor es un ente libre que convive conmigo 24/7, como está tan de moda escribir hoy en día, que crece, se modula, evoluciona y de vez en cuando, me sumerge en las turbias aguas de un pozo que sólo él y yo sabemos el camino para llegar. Suerte que siempre llevo una soga, escondida en un zapato, para trepar por ella cuando me hace falta escapar.

Mi dolor es mío. Ni mejor ni peor que el tuyo. Es, simplemente, un dolor crónico al que intento poner freno, parches o lazos de colores, según la ocasión. 

Recientemente he terminado un tratamiento de diez días con Lidocaína intravenosa, con el objetivo de bajar la intensidad de ese dolor generalizado que sufro, o al menos parte de él. Tras 5 días de la última dosis no he notado mejoría pero ... nunca se sabe cómo puede actuar mi organismo. La esperanza, que no la ensoñación, siempre es una gran aliada en el dolor crónico.

Soy consciente de mis opciones, mis limitaciones y de cómo está mi cuerpo. Soy consciente de muchas cosas, aunque no lo parezca, aunque intente sobre todas las cosas hacer una vida normal y que no aflore lo que el cuerpo me susurra al oído cada vez más alto. 

¡No voy a caer! Porque no quiero, porque no puedo, porque no me lo merezco y si algo me intenta llevar hasta mi pozo, contra mi voluntad, y empujar dentro de él, opondré resistencia y si finalmente caigo, no importa solo tendré que recordar que esa cosa molesta en mi zapato es la soga que necesito para salir de él.





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